Querido yo mismo,

Soy un escritor de mierda. Como lo soy yo, Manolo del Bombo, pepita de los palotes, Javier Cercas o Richard Ford. Pongo esos cuatro nombres al azar porque es la verdad: los escritores, en bruto, siempre hemos sido una mierda completa y absoluta. Bueno, excepto los poetas. El resto, por lo general, damos pena.

Quiero que, si has llegado a este punto, entiendas que escribir es una tarea ardua, que te exprime como una naranja y no te deja hasta que la piel saque jugo. Pero es que así surgen los buenos materiales. Nabokov debía escribir igual o peor que yo a mi edad. ¿Qué lo hacía buen escritor? El talento, sin duda, cuenta mucho, pero joder, estamos hablando de alguien que trabajaba 10, 15 o 20 veces más que los escritores actuales.

Porque esa es la verdad. Cada palabra tiene un sentido. Cada expresión, cada signo de puntuación, indica una leve o una gran diferencia en el texto. Son dunas que configuran el paisaje que escribimos. Yo, ahora mismo, te estoy llevando por un desierto, por mi desierto, que es breve pero menos lúcido que el que haría escribiendo una novela durante un año con cinco horas currando al día.

Pero creo que con eso me introduzco de sobras, y marco una distancia entre lo que era antes y lo que soy ahora. Porque sí, soy alguien completamente distinto a quien era el año pasado o incluso antes, y eso duele porque cumplo 25 años. Uno menos para los 30, uno más de sabiduría y de tragar paladas de realidad.

No sé en qué he cambiado. Quizás podría decirlo por cómo escribo. Siento que me he vuelto más hermético, que considero a la gente más lista pero más ignorante de su miserable existencia, que la vida es dura pero que, aún así, sonreímos. Antes era pesimista por desidia, ahora lo soy con realismo acumulado. Una leve mejoría, vaya, que ayuda a entender que no hace falta decirlo todo, pero sí preguntarlo todo y preguntarnos, a nosotros mismos, porque somos una mierda. Y creo que la respuesta es sencilla: porque somos o bien demasiado comodones o bien porque somos demasiado miedicas. Y, desgraciadamente, ninguna de esas opciones es válida para vivir.

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Época de cambios

Hace unos dos años, estaba quizás en la peor crisis de mi vida. En aquel momento, era un desecho andante: culpaba a todo el mundo, era rencoroso, huía de la realidad y la pagué con gente que no se lo merecía. Por aquel entonces tenía 22 años, y creo que acabé con sólo una relación personal poco después. Con los otros cuatro o cinco, una relación de hola y adiós.

Ahora considero que, con lo aprendido ahora, sería capaz de gestionar una relación de ese tipo sin problemas, lo que constata un hecho: el cambio no ha sido de 90º, sino de 270º.

De lo que era hace unos meses sólo quedan los restos. He decidido dominar mi vida por los cuernos, y eso ha significado que conductas que antes aguantaba ahora me producen incomodidad. Soy consciente de que no puedo gustar a todo el mundo, pero me gusto por fin a mí mismo, y eso es lo importante, que acabo de salir de lo que puede ser el mejor día de mi vida. Ahora, por supuesto, tocará surfear la ola que tengo por delante, pero miedo tengo cero y de una cosa soy consciente: soy quizás la persona que menos relaciones sociales necesito y soy la que necesita lazos más profundos.

Los que han salido (o saldrán) no deben tomárselo mal. El cambio que he pegado es tan bestia que ni siquiera me conozco. Pero he visto cosas y me gustan. Sólo quiero que sepan que ya no van a poderse llevar bien conmigo porque la persona que era en 2013 y la que soy en 2014 son diametralmente distintas.

La verdadera crisis

Hermanos y hermanas, alcemos bien alto los brazos y gritemos:

¡SOY UN HIPÓCRITA!

Sí, eres un hipócrita. Y yo lo soy. Y tu hermano, tu madre, tu padre, tu vecino, Mariano Rajoy o Lars Von Trier. Todos lo hemos sido. Aparentamos ser personas íntegras, sinceras, que dicen la verdad siempre. Pero una frase siempre queda marcada en nuestros cerebros: “No puedes hacer siempre lo que quieras”.

Y una mierda.

Cada decisión que uno toma, la toma porque quiere. Cuando uno consigue un trabajo, una pareja, un amigo o ve una película, es porque quiere. Cuando cede, es porque quiere. Querer, de hecho, es un verbo tan vasto que nadie debería pronunciarlo sin ser consciente de su propia potencia, porque querer no implica gusto sino voluntad.

Por eso, me provoca risa cuando una persona no es leal a su palabra. Risa patética, como las que me producen Gervais o Larry David cuando hacen sus series, esa risa en voz baja que oculta unas lagrimillas de fondo. Porque, seamos sinceros, poca gente sabe realmente tomar decisiones. De hecho, si supiéramos actuar siempre de forma correcta, no seríamos seres humanos. Sin embargo, y yendo al hilo del tema, este país es tan hipócrita que esconde su propio espíritu retrógrado. Pongamos ejemplos:

Tienes que serle leal al amigo y no decirle que sientes algo por tu novia, no vaya a ser que tú seas el culpable.
Tienes que olvidarte de ser amigo de una ex, porque quizás eso significa que abres la puerta a una relación.
Tienes que bajar la cabeza ante tu jefe, aunque este sea un hijo de puta que abusa y amenaza a sus empleados.
Tienes que aguantar a gente que no soportas y sacrificarte por los demás, aún sin saber que hay otros métodos que estar dándole la cháchara a alguien que no puedes soportar.
Tienes que odiar aquello que no entiendes, en vez de pararte a escuchar y entender qué sucede.
Tienes que serle fiel a tus amigos, aunque estos tengan una postura completamente distante de ti.
Tienes que casarte y tener hijos,  y seguir la vida que todo el mundo sigue.
Tienes que agradecer a la mujer por todo, porque dependemos de ellas hasta para nacer, cuando los hijos nacen en un acto de puro amor en la gran mayoría de casos.
Puedes hacer el gilipollas todo lo que quieras con tu salud, aunque eso signifique un cáncer, una embolia, una futura diabetes…

El ser humano es estúpido, egoísta e inconsciente. Yo también. Por eso, no puedo dejar de alabar a esas personas que son fieles a su palabra y que saben de quién es la culpa de las cosas. Ojalá hubiera más gente que entendiera la realidad del mundo, su sentido y donde orbita todo. Si no, yo puedo ilustrar fácilmente cómo es este mundo.

1.-La culpa de que una ex deje a un amigo por otro es vuestra. Podría haber sido tu amigo como el Capitán Brandón.
2.-La amistad entre mujeres existe, y entre ex también. Eso depende más de ellos dos que de cualquier otra persona que no tiene voz ni voto.
3.-No tienes que aguantar a nadie que abuse de ti. Tampoco hace falta que la montes, pero cualquiera puede marcar terreno siempre desde el respeto, que para eso existe.
4.-Si no aguantas a esa persona, siempre puedes decírselo. Las oportunidades se dan.
5.-El odio es algo que forma parte del ser humano y se asocia a lo que no entendemos. De ahí al miedo, y de ahí al odio cuando nos sentimos fuertes. Sin embargo, nada en esta vida es de cajón. NADA.
6.-Si hay alguien que ya no piensa como tú y a quien no puedes tolerarle ciertas actitudes, siempre está el diálogo. Y si no se puede conciliar, lo mejor es dejarlo estar.
7.-No tienes por qué hacer algo que no quieres porque los demás te lo dicen. Haz lo que te diga el corazón.
8.-La mujer no es mejor que nosotros, ni tampoco peor. Ni nadie de diferente color, raza, etnia o país. Todos somos personas, y es ahí donde nace el verdadero respeto: de la tolerancia.
9.-Si uno comete irresponsabilidades y carga a los demás con estas, es un hipócrita. Todo lo que hagas ahora siempre repercutirá no sólo contra ti, sino contra los demás. Piénsalo.

¿Qué quiero decir con esto?

España es un país de hipócritas. Siempre decimos cómo deben actuar los demás, qué deben hacer y cuándo. Sin embargo, nunca nos informamos lo suficiente, nunca nos ponemos en el lugar del otro, nunca hacemos las preguntas adecuadas y casi siempre exigimos. Una y otra vez, en mi entorno de origen, no ha sido raro encontrar gente con respuestas agresivas o exigentes. Yo también fui así mientras me defendía de algo contra lo que no existía. Yo también quería unirme con una masa de ovejas que velan sin saber por qué. Y lo siento, no quiero ser otra oveja más. Por eso, declaro que voy a mostrar el otro punto de vista siempre, el que no entiendo. Quizás es mi sed de conocimiento la que me empuja, quizás es que me he dado cuenta que este mundo es tan sucio que quiero cambiarlo. Pero mientras esto siga así, me tocará alzar mi mano, mi voz y mi pluma contra todo aquel espíritu retrógrado.

Los imbéciles se retratarán, los hipócritas también, y así todos y cada uno de nosotros. La vida es un largo proceso de aprendizaje, y si dejamos que los otros nos digan qué y cómo debemos comportarnos, definitivamente no estamos explorando ni la sociedad ni las aristas del ser humano. No estoy en contra de esta gente. Simplemente quiero remar a otro lado. Estoy harto de aguantar, de odiar, de oponerme. Quiero entender, quiero hacer entender, quiero abrir el mundo, y pienso hacerlo desde el respeto. Por eso, le pido al mundo que me espere, porque estoy harto de llevar una careta que no debería haber llevado, la del hipócrita que miente al niño que fui con 14 años y que dijo:

“No voy a remar en la misma dirección que vosotros. No debo, si quiero que el mundo en el que vivo sea mejor”

 

Vida vieja

En los propósitos de Año Nuevo (e incluso antes) han aparecido varias palabras negativas sobre mi persona. Victimista, cabrón, acosador…Todas ellas me produjeron risa porque sabía que no eran verdad. Sin embargo, una de ellas sí que cayó sobre mí como un puñal. Tanto que manchó de sangre mi alma, de tristeza mi carácter y de rojo el atardecer y la luna que a veces brilla sobre esta.

Eres demasiado complicado.

Y no dije nada, porque sabía que era verdad.

Mi vida, hasta ahora, tan sólo ha sido una enorme rotonda. Caer, levantarse, afianzarse, una noche estúpida y luego caer. Este, seguramente, es el peor año en algunos aspectos de mi vida personal. Sin embargo, y al contrario que el resto, ya sé dónde no debo pisar, qué no debo hacer, dónde mejorar y en qué aspectos de mi vida no quiero perder el tiempo y en qué quiero perderlos.

Para el 2014, no tengo ningún propósito porque lo que me toca es mejorarme. Pedir un propósito es pedir ayuda, y lo que necesito es tirar de mí mismo y explicar al resto cómo soy. Las personas complicadas, por desgracia, tienen ese pecado: deben acercar su forma de pensar y de actuar al resto. Como dijo una muy amiga mía: “Lo que es de cajón para unos no lo es para los demás”. Por tanto, es estúpido dar giros en una rotonda si no te funciona, así como tampoco puedes dar vueltas con gente que lo que necesita es una línea recta.

Ahora sólo queda una cosa: refinar la lengua y el mal genio. Eso es lo que toca, aunque no pienso pedírselo a nadie más que a mí mismo. Vida vieja, piel nueva, cual haría una serpiente.

Feliz lunes de mierda…

…eso dijiste, y mientras tanto yo reía porque tú no entendiste.

Llevas varias semanas espiando, mirando qué hacía, acojonada y con novio. Extraño de narices, pensé. Sin embargo, siempre he sido del parecer del más valiente.

Sé que eres peligro puro. Demasiado. Una bomba de relojería, como dicen mis amigos. Sin embargo, prefiero ir hacia adelante.

Hay heridas que cerrar. Hay páginas que pasar. Y mientras tú y tu tropa esté incordiando, nunca podré deshacerme de ello.

Me provocas miedo. Miedo a mí mismo. Miedo a ti. Miedo a lo que me rodea. Miedo a lo que pasa. Miedo a lo que pasará. Todo ese temblor, de una vez, quiero que termine. Es hora de poner un punto y final a esta historia, de empezar algo que no tiene nada que ver con ello y todo cambie. No quiero volver contigo, y preferiría morirme antes que hacerlo, pero sí que hay cosas en las que te tengo en mente, y espero que, si todo va bien, vayan hacia adelante.

Por supuesto, no soy tan lerdo. Yo te he tendido la mano preparándote una trampa de antemano. Sé lo que haces, y no soy un primo como para entender que tú también aún estás anclada en el pasado. Por eso, leva el ancla, cambia, evoluciona a un sitio nuevo y crece como persona. Feliz lunes de mierda, dices, pero ese lunes es el primero de una nueva era para los dos. Una era en la que tú harás tu vida, yo haré la mía y los dos, quizás, podamos llevarnos bien en un futuro a medio plazo.

No me culpes de lo que voy a hacer. Parezco cobarde, pero soy más listo y más intrépido que tú.

 

Márchate

Tengo un profesor donde ahora estudio que tiene varias reglas sobre el amor. Y esas, a su vez, podrían entrar perfectamente en los clichés de las relaciones de pareja. Y conste antes de empezar: creo en el amor, pero es muy difícil de encontrar.

La regla en concreto dice: “Cuando quieres estar con una persona, quieres empezar una relación con esta o estás bien, la persona de la anterior relación aparece”. O en otras palabras, karma is a bitch.

Llevas una vida feliz, conociendo (y fallando, o acertando) gente nueva y aprendiendo a mejorarse como persona y, de golpe, ¡Zas! aparece ese mensaje de esa persona, ese detalle que querías ver hace meses pero que ves ahora. Claro, como ahora te desean, la ex de marras quiere lo mismo. Sin embargo, algo he de decir de esa persona: nunca ha tenido las narices de ponerse delante y decir la verdad. De hecho, siempre se ha ocultado detrás de otras personas para saber qué hago o qué dejo de hacer.

Hace unos meses estaba asustado de ella. De la clase de monstruo que era. Del “voy a devorarte porque fuiste una vez mío”. De sus constantes malinterpretaciones, y de cómo tiraba fácilmente mierda mía sobre los demás. De cómo era tan orgullosa para lo fácil, tan infantil, tan perversa…y de, cómo creyendo que sentía amor, no pensaba en absoluto en cómo lo ofrecía o cómo podía ni siquiera saber de qué se trataba.

En estos dos meses he podido hacerme una idea, pese a los fallos, de qué quiero ahora en una persona y de qué es el amor. Seguramente hable mal de él o le tire mierda, pero la realidad es que creo en él con sus pros y sus contras. Ahora sí sabría arriesgarme si ello me compensa. Sin embargo, esa persona no me compensa: no va a cambiar, y la persona que es amando es una maltratadora en ciernes. Por muy guapa y muy atractiva que me parezca, en este caso, debería decir que “hay suciedad en su belleza”. Una suciedad indigna, de la que no quiero saber nada.

Antes le tenía miedo. Ahora la repugno, y eso que quería cerrar el capítulo para siempre para poder llevarnos bien algún día. Alguien que no tiene valor para conseguir lo que quiere, alguien que actúa como una chica de 16 años, alguien que es una montaña rusa…no, no me beneficia nada. Sólo sería añadir más sal a la herida.

Quizás acabe cayendo y arrepintiéndome de ello. Pero una cosa tengo claro: a personas así las quiero lejos. Primero que maduren, luego que sean sinceras y luego que cumplan su palabra. Anda, criaja, te faltan tres pasos, los mismos que daré para alejarme de ti en 10 días. Mientras tanto, prefiero quedarme con mis experimentos fallidos.

PD: Te dejo esto como recuerdo. Supongo que te gustará, irlandesa.

http://www.youtube.com/watch?v=tg1ArX_0kn4

Nirvana en dos sentidos

Una y otra vez. Es como una adicción. Pasas los dedos, dejas que te lleve el momento y, de repente, ya vuelve, golpeándote bien fuerte. Lo sabes, has alcanzado ese estado de trance en el que todo va a fluir sin parar. Algunos lo llaman Nirvana. Otros incautos, pobres, lo asocian tan sólo al sexo. Pobres diablos, el Nirvana se extiende tan lejos…pero hay que recordar primero qué es.

El Nirvana, en pocas palabras, es el estado en el cual se alcanza un mundo sin dolor. Uno en el cual todo fluye por naturaleza, sin saber cómo ni cuándo se ha llegado ahí. Pero eso no importa: ese punto ya ha acontecido y es inevitable. Ya te has perdido en un mundo nuevo, y para eso no hay necesidad de nada externo, sólo la propia cabeza.

A mí pocas veces me ha pasado. La última será hace pocos días. Recuerdo que quería salir de una conversación. Mi cabeza decía que no, pero los impulsos te llevan a un punto en el que no sabes ni cómo ni dónde, pero has aterrizado ahí y ya no puedes volver. Sin embargo, no hay arrepentimiento, ni rabia, ni molestias. Pierdes el sentido del tiempo, del momento, del espacio. Sólo sigues, sin pensar, sólo sintiendo…y eso, es verdadera felicidad. Es un verdadero espíritu joven.

No tengo ni idea de qué va a pasar, ni me importa. Sólo quiero estar ahí, metido en ese mundo tan extraño en el que he acabado. Y creo que tanto Kurt Cobain como Wes Anderson, cada uno a su manera, me entenderían bastante bien.

NADIE VA A PEDIR UN RESCATE FINANCIERO

Muy buen artículo sobre el cine español. Lo dejo, pese a no ser propio de este blog, porque creo que vale la pena.

Bloguionistas

john-carter

Por Natxo López

En el capítulo 6 de la segunda temporada de “The Newsroom” asistimos a esta breve conversación que pueden leer aquí abajo. Tranquilos, no hay spoilers, se trata de un momento desvinculado de cualquier trama del capítulo o de la temporada (a no ser que consideren ustedes un spoiler el que estos dos personajes sigan vivos, en cuyo caso tienen un serio problema).

WILL en el despacho. Entra SLOAN

SLOAN – ¿Estás ocupado?

WILL – No.

SLOAN – Mira, esto puede sonar extraño, pero estoy viendo la película de “John Carter” como un posible tema para mi segmento de esta noche.

WILL – ¿Qué pasa con ella?

SLOAN – Bueno, trata de un oficial confederado de la Guerra Civil que es transportado a Marte, que es un planeta frondoso habitado por bárbaros de tres metros y medio. Por su distinta densidad ósea y la baja gravedad del…

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Harakiri

Desenfundo mi espada. Llevo meses luchando, llevo jornadas desconfiando. Ya ni sé quién soy. El reflejo que está enfrente de mí no es más que una imagen mía llorando. Y así, una lágrima tras otra, van cayendo. Por un lado soy un truhán, un monstruo, un manipulador, pero ojalá eso fuera verdad. Ojalá fuera tan fuerte y tan malvado. En realidad, soy un débil que desea morir de vacío.

Hay un momento en el que te das cuenta de todo. Esa punzada, ese dolor repentino, esas venas que renacen y circulan por la espada. La quiebran, y desean reponerse. Y así estoy, entre la vida y la muerte del corazón. En este suicidio repentino que cometí meses atrás. Meses en los cuales huía de todos, incluso de mí mismo, y que ahora veo perfectamente claros.

Desearía arrancarme el corazón, pero me lo he atravesado. No he sido suficientemente contundente. Ahora se abre un tumor en él que va creciendo poco a poco. Ojalá pudiera borrarlo todo, ojalá estuviera en otra parte, ojalá estuviera muerto o en otro país. Pero ahí estamos, tú en la tarima y yo volviendo de ella. Las miradas cruzándose por un instante, y luego, el derrumbe, completo y paulatino, de toda esa máscara, de todo ese terror. Y en mi mente sólo hay una frase:”Quiero que la lluvia me limpie de todo”.

Querida amiga

Querida amiga,

Alguien dijo alguna vez que los peores puñales son aquellos que deseas con toda tu ingenuidad que no existan. Quizás es que yo soy imbécil, quizás es que tú también lo eres, o quizás es que lo somos todos. No lo sé. En todo caso, te envío esto para que te des cuenta del mal causado.

Confiar en alguien es como prestarle una parte de tu corazón: tú le das esa parte a una persona, y a cambio dicha persona hace lo que quiere. Te lo di una vez, te lo di dos veces, pero tú decidiste seguir destrozándolo en pequeñas fracciones. Para eso, a la siguiente te di una manzana envenenada, un cacho podrido y muerto de mi ser. Si lo cuidabas, revivía. Si lo maltratabas, moriría para siempre. Y volviste a fallar estrepitosamente.

Una vez me dijiste: “Los hombres son todos unos primos”. Yo te contesté, si mal no te acuerdas: “Hay algunos que aparentan serlo”. Pues bien, te vuelvo a recordar esa frase.

No pienso vengarme, pero espero haberte cerrado la boca para siempre. A ti, y a las dos personas que estaban por allí rondando. Estoy harto de todo el teatro, pero me obligas a ello. Y cómo no pienso seguir haciéndolo, recuerda, querida amiga, que ese pedazo de corazón ha acabado pudriéndote entera, si es que no lo estabas ya.

Para mí eres polvo, eres ceniza, eres pasado. Ya no existes, aunque de eso ya te avisé hace cinco meses y no te diste cuenta. Siento haber involucrado a personas en el proceso, pero el objetivo era encontrarte. Y ahora que sé quién eres, te daré el premio que te mereces: la nada. Mientras tanto, permaneceré callado en una esquina, esperando a que las cicatrices acaben de cerrarse.

Tres Marías entraron. Una se salvó, y dos murieron asesinadas por su boca y su soberbia.